Monday, May 5, 2014

El miedo a no trascender

Desde que era niño, siempre me fascinaron las historias de hombres y mujeres de otros tiempos, antiguos, lejanos, de aquellas civilizaciones de antaño, perdidas, en donde los detalles de sus relatos bordeaban milimétricamente la fantasía. Eso creo que era bueno porque siendo niño, realmente no podría asegurar qué era más sano y creíble para mi pequeña mente, si la fantasía o la realidad. Lo interesante del caso, incluso ahora de adulto, es darse cuenta que la historia de la humanidad, del mundo como lo conocemos, está plagada desde todas las épocas de gente importante, gente decidida, gente emprendedora, gente que ha trascendido de alguna forma.
Hablando de trascendencia, tal calificativo se le puede otorgar a muchas personas a lo largo de la historia; a decir verdad, una de las maneras de trascender podría considerarse en tener descendencia y por ende, una gran cantidad de humanos “trascienden” a través de ese medio. No obstante, a pesar de que la humanidad ha seguido adelante a través de los siglos gracias a la descendencia de nosotros mismos, no necesariamente ese es el único tipo de trascendencia a la cual voy a hacer referencia en esta oportunidad.
Empecemos por definir, de la manera más simplista que encontré, qué es la trascendencia.
De acuerdo a la Real Academia Española, es como sigue:

Trascendencia.
1. f. Penetración, perspicacia.
2. f. Resultado, consecuencia de índole grave o muy importante.
3. f. Fil. Aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos.

De acuerdo a lo que me gustaría significar en este artículo, creo que las acepciones dos y tres serían las más ajustadas.
De manera que a mi criterio, una persona podría trascender de varias formas. Por ejemplo, la obvia sería tener descendencia; justo en ese momento, la trascendencia por definición se daría, ya que el que trasciende continuaría en este mundo a través del hijo o hija.
Otra manera de trascender podría ser con mucho dinero. De alguna forma, alguien que ostente de una gran fortuna podría trascender este plano con las cosas que haya hecho o dejado de hacer en virtud de su fortuna o simplemente, el hecho de permanecer en la memoria de algunos como alguien que pudo jugar con las reglas de esta sociedad y vencer en donde el dinero es de vital importancia.
También podría ser alguien con un gran reconocimiento a nivel laboral, eso permitiría a la memoria colectiva en recordar a esa persona como alguien que hizo algo por su área de trabajo y generalmente, esos logros laborales de alguna forma trascienden tiempo y espacio.
Podría ser con trabajo social, con fundaciones o con algún logro a nivel comunitario o incluso de índole personal y que refleje la inmortalidad del hecho y por consecuencia, de la persona que lo generó.
Definitivamente, creo que hay muchas maneras de trascender cuando ya no estemos en este plano. Sin embargo, veo con cierta ansiedad la posibilidad de no hacerlo, a pesar de las múltiples maneras ya antes mencionadas. Es allí donde el título de este escrito entra en acción. Cuando una persona no tiene ninguna de las maneras que se han mencionado anteriormente y a pesar de ello siente la necesidad de hacerlo, (y que a propósito creo es una necesidad de todo ser humano, siendo una cuestión de tiempo el sentirla como tal) es allí, donde muchos hombres y mujeres probablemente entren en un estado depresivo difícil de salir.
Es lamentable pero desafortunadamente cierto: puede ser que no trasciendas y que tu paso por este mundo sea como el de una hoja seca en medio de una hojarasca.
Quizá, cuando ya no estés, alguien de tu familia o de tus amigos te recuerde en alguna oportunidad, bajo una circunstancia específica; entonces, ¿será eso trascendencia o no? En todo caso, si eso te hace feliz, saber que alguien alguna vez te recordará por algunos segundos, entonces no tenderías por que sentirte ansioso. Pero si eres como yo, probablemente estés aterrado en estos momentos.