jueves, 27 de septiembre de 2007

La impotencia ante el imperio.

"La historia está escrita por los vencedores". Esa es una realidad que algún pensador plasmó de una manera muy lúcida y realmente le dio en el clavo. Quizá esa es la razón por la cual todos los imperios del mundo, en todas las épocas, han tenido ese protagonismo que quizá salvo en contadas oportunidades, otras circunstancias u otros gobiernos o dominios han tenido un lado oscuro en esa misma historia en donde todos somos protagonistas. Sin embargo, en los últimos tiempos gracias a la era de la información, ciertas acciones ocultas por los vencedores han empezado a salir a la luz, poco a poco, y de alguna manera para los interesados ahora es posible al menos rasguñar esa información perdida por siglos y que solo era del dominio de algunos pocos ilustrados. Lo realmente lamentable, es que en virtud de los llamados "vencedores", que no son sino los dueños del dinero y por ende del poder, hay muy poco que hacer; a decir verdad, creo que no hay nada que hacer. Son demasiado poderosos, demasiado brutales, demasiado sólidos, a pesar de sus carencias. Pretender enjuiciar a Bush por los crímenes contra la humanidad que ha perpetrado, por ejemplo, a pesar de la cantidad abrumadora de pruebas en su contra, no deja de ser un sueño lejano. Lamentablemente, esa es la realidad.
Será interesante ver los titulares de la prensa en unos cincuenta o cien años. Quizá se explique el asesinato de JFK o la intervención de USA en las guerras mundiales, Irak, Vietnam, Latinomérica o.... creo que hay demasiados paises para citarlos ahora mismo. Incluso, quizá, se podrá entre otras cosas explicar la tragedia del 9/11, sus verdaderos responsables y la agenda oculta de ellos, mostrando la verdadera trascendencia de esos eventos y que no es precisamente las acciones contra el mal llamado terrorismo.
Creo que estamos en unos tiempos interesantes, aunque lo más probable es que eso mismo dijeron en otras épocas. Por lo pronto, me conformo con pensar que ciertamente estamos en una época de profundo interés, de profundo cambio y para no perder la fe en algo o en alguien, creer que en cincuenta o cien años, algo de nuestra realidad actual se explicará y quizá nuestros bisnietos entenderán el desastre en el cual estamos viviendo en estos tiempos.