domingo, 11 de mayo de 2008

Carta abierta a la Iglesia.

Cabe destacar, en virtud del título, que la iglesia no es la estructura, ni ese templo hermoso del que se jactan algunas congregaciones. Mucho menos el alarde de lujo que otras muestran orgullosas. Plegándose al verdadero sentido etimológico de la palabra, cuando me refiero a iglesia, me refiero a la gente, a la congregación, a la asistencia, en definitiva: a las personas. No obstante, entre esas personas y la verdadera imagen de la iglesia, se encuentra una gran brecha y quizá, esa sea la causa de su eventual desaparición, al menos como está concebida hasta ahora. Con todo esto dicho, quiero dirigir este artículo en particular a la dirigencia de la iglesia. Lamentablemente, la iglesia moderna (al decir moderna me refiero a la iglesia de los últimos dos mil años), ha estado emulando cada vez más a las instituciones seculares. Con una gran diferencia, y esa es la manipulación descarada de sus adeptos por parte de las instituciones religiosas, hecho probado a lo largo de los siglos. La iglesia, al parecerse cada vez más a las instituciones laicas, ha perdido el origen primario de dicha noble institución y que se podría resumir en una solitaria y malentendida palabra: amor.
De primera mano puedo darles testimonio de las inconsistencias, (por emplear un eufemismo y no herir susceptibilidades) en las cuales la famosa "Iglesia de Jesucristo" ha caído, y a pesar de haber oído tantas y tantas historias al respecto, no hay nada como una buena experiencia personal para realmente entender el alcance de una acción. Yo mismo fui víctima del maltrato moral y abuso ético por parte de la institución eclesiástica. Yo mismo puedo dar fe de la política de conveniencia que la iglesia practica, como también podría testificar sobre la hipocresía galopante que inunda tanto sus pasillos como las mentes de sus dirigentes; todo, excusado en una usada premisa: "No veas al hombre…"
Yo, particularmente, he estado en el ámbito cristiano desde muy tierna edad y se, por ende, lo que se enseña. Viví y asistí por largos años a los servicios cada domingo y las reuniones de células o grupos comunitarios o cualquier otro nombre con el que eventualmente bautizan a dichas reuniones. También asistí en incontables oportunidades a estudios bíblicos, retiros, campañas de todo tipo (milagros, evangelización, etc.), consejería pastoral y con apóstoles y demás dirigencia eclesiástica. Actividades de todo tipo, incluso aquellas en que se mezclan el mundo cristiano y el mundo secular, tratando de emular los placeres "mundanos" pero en un ambiente cristiano (la mayoría de las iniciativas en ese sentido fallidas, cabe destacar). Todo eso lo he vivido en carne propia y les puedo decir, que muy poco de lo que se ofrece es cierto, es realidad tangible, y lo que es peor, muy poco es en realidad espiritualmente iluminador. Es triste ver como miles y cientos de miles de personas son atrapadas dogmáticamente por un grupo de mentirosos, hipócritas, faltos de creatividad, simplemente aprovechándose de los cautos que, en efecto, están ávidos de una guía espiritual y que por falta de conocimiento, encuentran dicha guía en el primer grupo de seudo-religiosos que encuentran. Es curioso, pero es destacable el lujo abrumador que ostenta toda la dirigencia eclesiástica, y el que no lo ostenta, simplemente entre ellos se le denomina una iglesia pequeña o sin visión o sin avivamiento. Mientras tanto, en aquellas en donde el avivamiento sí opera (entiéndase diezmos, ofrendas y sobre todo, adoctrinamiento y manipulación), sus feligreses atraviesan los años con la misma miseria que tenían cuando se alistaron al trabajo voluntario. No quiero decir con todo esto que no hay personas realmente valiosas en medio de la "Iglesia de Jesucristo". Nada más lejos de la realidad; de hecho, varias de las personas más íntegras, inteligentes y comprometidas con la vida, que yo conozco y respeto, pertenecen a dicha iglesia. Mi única observación al respecto, es la cantidad de virtudes a las cuales se sienten exclusivos poseedores. He allí el gran detalle y la petulancia que no solo la Iglesia Cristiana (en todas sus manifestaciones) cree, en ese garrafal error caen todas las grandes iglesias organizadas, entiéndase judíos, musulmanes, budistas, hinduistas y paren de contar. Humildemente pienso que los valores, los principios, la ética y demás virtudes del ser humano, no necesariamente están exclusivamente afiliadas a lazos religiosos. Quizá, ese es uno de los puntos polémicos de mi postura.
No quiero entrar en detalles técnicos, refiriéndome a todo el andamiaje montado por dos siglos para tratar de convencer con argumentos, de que la historia de Cristo y su consiguiente "iglesia" es verdadera. Tampoco quiero contradecir nada de lo que ya ha sido discutido y analizado por siglos; de hecho, esa fue la causa de la consecuente desaparición de grupos tales como los Gnósticos, los Iluminados, incluso los Caballeros Templarios. Sin embargo, me gustaría destacar, que sí habemos personas que no nos tragamos el cuento, que no nos convencen las teorías y argumentos mal elaborados, estructuralmente débiles y descaradamente manipulados. Sí habemos personas que nos hemos dado a la tarea durante años de leer, investigar, buscar y por ende, no caer en la enorme red de falsedades con la cual está tejida la iglesia en este momento histórico (cuando digo iglesia, me refiero a toda manifestación dogmática, organizada y de evidente manipulación).
¿Existe Dios? ¿Existen los milagros? ¿Hay gente que vale la pena dentro de las iglesias? ¿Existe la espiritualidad pura, sin prejuicios, con verdadero amor? Tengo que decir, que a todas las preguntas anteriores, de mi boca sale un contundente y arrollador Sí. El gran detalle estriba, en que hay muchas más cosas que descubrir y aún más determinante, muchos ángulos con que se pueden ver todas esas interrogantes, muchos más de los que las instituciones religiosas nos permiten indagar, sin antes enviarnos al infierno eterno.
Señores, hay que leer, hay que informarse, hay que comparar, no hay que dejarse conmover por manipuladores de los sentimientos, que además, son tan ignorantes que no se dan cuenta que a la larga, se están quedando solos, producto de una doctrina basada en mentiras, deshonestidad y una olímpica falta de ética.
Esta misiva no es sino la punta del témpano. Hay mucho, mucho que discutir, mucho que aclarar, mucho que investigar y mucho que desenmascarar. Si alguno de ustedes, fieles lectores, se cree en la obligación de discutir de alguna manera este artículo, bienvenido sea, simplemente hago una advertencia: esperen la contundencia de una persona que conoce a la bestia porque ha vivido dentro de sus entrañas y que existen muy pocos argumentos "cristianos" que me sean ajenos o me conmuevan. Hecha la advertencia, espero sus comentarios.