martes 20 de enero de 2009

Solo una reflexión.

Después de algún tiempo de meditación y reflexión, he llegado a unas cuantas conclusiones que lejos de ser definitivas, han sido el comienzo de un largo camino de angustias por resolver, de enigmas por descubrir y de otro tanto de preguntas que han sido el resultado natural de aquellas otras a las que he encontrado respuesta.
Es curioso, pero mientras más indago, mientras más me adentro en las profundidades del conocimiento, más percibo lo enorme del camino que se plantea delante de mí. A pesar de esa realidad, no desmayo; y no lo hago, por la simple razón de que una necesidad casi visceral de descubrir las verdades en las cuales navegamos muchas veces a ciegas, me impulsa casi obsesivamente, con la urgencia de completar una labor, que sospecho, no voy a lograr en lo que me resta de vida, así sean muchos años, porque por definición, la verdad absoluta no existe y por ende las verdades absolutas tampoco, y es más que obvio, que las respuestas que busco no son sino verdades a incógnitas que se han planteado en mi vida a lo largo de todos estos años; aunque me aventuro a decir, parafraseando a Jung, que son las verdades que toda la humanidad ha intentado buscar a lo largo de su existencia, simple y llanamente por el motor del inconsciente colectivo. No obstante, esas realidades y preguntas colectivas, cada persona las hace propias, como debe de ser, ya que en cada individuo, la realidad se hace propia, así sea compartida por la humanidad.
Como dejar de destacar las filosofías que plantean dichas preguntas con sus respectivas respuestas, que a estas alturas no dejan de impresionarme, ya que siento que son los intentos del Hombre (a veces acertados, otras veces no tanto) en responder sus inquietudes y de alguna manera, oír lo que quieren oír y en no pocos casos, las respuestas no llegan a satisfacer a muchos de sus seguidores.
Es de destacar las religiones, que gozan de mi más absoluto irrespeto, solo por el hecho de ese componente de control del cual no pueden despojarse por más que quieran.
¿Cómo es posible que las religiones promuevan la ignorancia? El hecho de dejar todo en manos del supuesto Creador y por ende inutilizar la capacidad de raciocinio, es un intento claro de control masivo. Creo firmemente, que lo más grande que el Creador o llámese como se llame, nos ha dado, es nuestra capacidad de pensar, esos escasos mil quinientos gramos de materia gris que nos hace realmente vivir y que sigue siendo la última frontera del Hombre, esa mente potencialmente ilimitada y poderosa que poco a poco se debería desarrollar a su máxima capacidad para realmente ser libres.
Definitivamente, creo tener un camino para la libertad, no la libertad falsa prometida por las religiones y los sistemas políticos, sino una verdadera, una que realmente libere al ser humano de tanta atadura. Ese camino tiene que empezar por el escepticismo. Hay que ser escéptico, por definición. No se puede creer o aceptar una realidad por el simple hecho de ser dicha. Hay que desconfiar como primer paso. Después, gracias a ese escepticismo, hay que indagar, investigar, descubrir y después, si compramos los datos y decidimos creer y asimilar cualquiera que sea la información que se nos haya sido otorgada, bienvenido sea. No existe la fe ciega al menos cuando hay cabida para el pensamiento. No puede haber fe ciega si hay en algún lugar alguna explicación para lo que se imputa. Quizá haya tal fe ciega para aquellos que la necesiten o para los eventos que no tienen alguna explicación más o menos racional. Sin embargo, a estas alturas, no he encontrado casi ningún argumento que no tenga, al menos, una somera explicación en alguna filosofía, escuela de pensamiento o simplemente elemental razonamiento.
Poco a poco, la humanidad se va volcando a otro sistema de creencias, en donde el razonamiento crítico esta jugando un papel importante. O quizá, soy yo el que estoy en ese estado y achaco a la humanidad entera tal nivel de revelación personal. Desde tiempos antiguos, se pregonaba el fin del mundo, la pregunta sería, ¿no está el fin del mundo cerca para las personas que mueren? Por ende, en virtud de la cercanía a la muerte que todos compartimos, ¿no está cerca el fin del mundo para todos y en cualquier época? ¿No vamos a morir y por ende nuestro mundo como lo concebimos va a acabar? Es evidente que una conclusión como esa explicaría el por qué desde hace tantos y tantos años, la cercanía del fin del mundo ha sido un concepto tan sobado y tan manipulado por el Hombre.
Hace quinientos años, no se conocía la Ley de la Gravedad. Lejos de eso, no se planteaba siquiera la búsqueda de la explicación del por qué una piedra lanzada al cielo caía al cabo de unos segundos. Simplemente, no se planteaba. De igual manera, hay cosas que suceden ahora, que probablemente ni siquiera nos planteemos como intriga; sin embargo están allí, y quizá en los próximos quinientos años, alguien comentará de lo evidente de esas leyes y cómo no éramos capaces de siquiera planteárnoslas, exactamente como sucedió con la Ley de Gravedad. Esa sería una explicación quizá a los fenómenos paranormales o algunos de los eventos que nos suceden y no le encontramos explicación lógica.
La magia, la filosofía Hermética, las sabidurías de civilizaciones antiguas como la Egipcia, entre otras, tuvieron mucho de verdad. Sin embargo, a lo largo de los siglos muchas cosas, sino la totalidad de ellas, se han perdido, se han difuminado en el olvido, bien sea por efecto natural del tiempo o por malintencionada ejecución, precisamente prevista para evitar el despertar de la Humanidad. Y esto me da más argumento para detectar el control que desde siempre se ha querido tener sobre nuestros semejantes y vuelvo a tocar las religiones como elementos importantes en la anulación de nuestra capacidad de pensar, de razonar, y por ende, nuestra vulnerabilidad a ser controlados casi por cualquier cosa. Desde siempre ha sido de esa manera.
No quiero dejar de lado a los gobiernos mundiales, sin excepción, que de igual manera que nuestros amigos los clérigos, se han encargado de promover ininterrumpidamente el corrupto, deteriorado y maligno sistema de educación, que lejos de educar, no ha hecho sino enterrarnos en el más absoluto oscurantismo y nos ha hecho navegar en la más fría y oscura ignorancia, con el mismo propósito de controlarnos, ya que alguien que no piense está dormido, y alguien dormido, evidentemente es muy fácil de controlar. Sin embargo, es nuestra deber, nuestro derecho, e incluso nuestra labor como seres pensante y racionales, el no dejar que eso siga sucediendo. Tenemos que, imperativamente, zafarnos de esos controles que no son más que la incapacidad de pensar de manera crítica, forzadamente impuesta a lo largo de los siglos por un puñado de controladores para sacar el mayor provecho de la situación.
Nuestra labor para con nosotros y para con nuestros descendientes, que no son sino los descendientes de la Humanidad, es librarnos de la atadura de la ignorancia, y eso se logra con la investigación concienzuda, con la reflexión profunda, con la búsqueda sin descanso de las respuestas a cualquier pregunta que se nos antoje y que en la sociedad actual, se puede encontrar en casi todo lo que nos rodea.