Si algo ha traído la pandemia originada por el COVID-19, aparte de señalar la obsesión desproporcionada de las mujeres por los salones de belleza, ha sido el derrumbe de algunas importantes y significativas instituciones y pensamientos en general que se han permeado dentro de la sociedad moderna desde hace mucho tiempo. Queda de nosotros el revisar dichos derrumbes y ver si adoptamos la nueva realidad sin ellos o, como ha sucedido en otras ocasiones, seguir con ellos a pesar de las ruinas originadas a partir de la tragedia que nos tocó vivir. Sin embargo, no pierdo la esperanza de que aprendamos de ellos y esa es la razón por la cual planteo estos temas con pasión. Quizá esa esperanza se concrete algún día no muy lejano.
1. LECTORES DEL FUTURO:
Psíquicos, videntes, pitonisos, brujos, clarividentes, adivinadores, vaticinadores, hechiceros; todos ellos personajes interesantes y encantadores de la cultura popular, supuestamente capaces de ver el futuro o al menos algunos de ellos pretenderlo de una manera convincente. No obstante, algunos de estos personajes, sino todos, reclaman el hecho de que ciertos de nosotros ponemos en dudas sus supuestas visiones futurísticas porque según ellos son absolutamente verídicas, confiables y verificables (aunque rara vez haya sido el caso). Pues bien, vamos a revisar lo que ha sucedido recientemente en el mundo y dejaremos que los hechos, como suele suceder, provean claridad a la situación.
Qué sucedería si en algún momento dado, en medio de la normal y rutinaria vida diaria, alguien pretendiera advertir no solo a su comunidad o ciudad, estado o país, sino al continente entero y porqué no, al planeta en su totalidad, de un nuevo virus que va a paralizar y poner de rodillas al planeta en cuestión de semanas o cortos meses, que alteraría la economía mundial, particularmente la estadounidense y la pondría al borde del abismo, que sería la pandemia mundial más severa de los últimos cien años ¿alguien en su sano juicio le creería?
Es a finales de año donde abundan las predicciones y visiones de futuro, junto a las resoluciones de año nuevo, muy populares en la sociedad actual. Las predicciones son parte integral de esos comienzos de año que a muchos emocionan, asustan o inquietan; sin embargo, no hubo ni uno de los llamados visionarios o psíquicos que tuviera la visión, la intuición dada por sus habilidades sobrenaturales o el simple tino, de “ver” la magnitud de lo que venía, de calibrar la enormidad de la circunstancia que nos involucraría a todos, y cuando digo a todos no caigo en exageración o hipérbole, es literalmente al planeta entero, quizá excluyendo a la Antártida o algún otro mínimo o perdido territorio, pero salvo esas extrañísimas excepciones, al menos 180 y tantos países han sucumbido ante ese detallito que, a pesar de ser veloz en propagación, inusual en lo nuevo de su formato, raro en su origen y mortal en bastantes de sus casos para ser una afección pulmonar principalmente, no hubo manera de que los grandes, poderosos y “verídicos” psíquicos, visionarios o “profesionales” de ese tipo, pudieran siquiera sugerirlo, mucho menos efectivamente predecirlo. Extraño como mínimo, aunque ciertamente capcioso. A mí criterio queda absolutamente comprobado y sin lugar a ninguna duda razonable, el adjetivo calificativo de charlatanes a todos aquellos que jactanciosamente dicen llamarse psíquicos o cualquiera de los nombres antes mencionados.
2. PIADOSOS:
Este tema me toca de cerca ya que parte de mi familia inmediata se encuentra en esta categoría. Estos personajes supuestamente enviados por el mismísimo creador del universo, alardean entre muchas otras cosas de tener una línea de comunicación directa con el “todopoderoso”, algo así como un celular personal en donde a discreción del omnipotente o de su supuesto intercesor personal se produce una actualización tanto de noticias como de peticiones y otra cantidad de situaciones como por ejemplo la de las profecías y es allí donde, en este caso en particular, nos compete la veracidad de dichas visiones futuras. En alguna de esas comunicaciones directas con “Dios”, se profetiza el futuro, se “ve” el porvenir como cualquier hechicero de feria, pero en el contexto de una institución “seria” y un personal “calificado” y en todo caso aceptado socialmente para tales menesteres, como lo son sacerdotes, pastores, diáconos de iglesias, profetas propiamente dichos, visionarios religiosos, apóstoles modernos (lo que sea que eso signifique en realidad) y demás personeros en las instituciones religiosas. Hasta este punto creo dudar seriamente que la pandemia mundial haya sido apuntada solo para seculares y no para la población creyente, algo así como las famosas plagas de Egipto y que incluso allí, si no había la marca en las casas de los judíos las plagas se los llevarían de igual manera que a cualquier impío sin perdón. El pequeño, insignificante y poco notable detalle de la pandemia mundial del COVID-19 (insertar ironía a su máxima expresión en esta línea del texto), que ha hecho arrodillar al planeta entero y lo ha sumergido en angustia, incertidumbre, desesperanza y muerte, no fue previsto ni tangencialmente por el omnisciente creador del universo, detalle que ha impactado no solo a los impíos sino a piadosos también, visión que en su momento hubiese servido para la protección y prevención de sus creyentes, reales, comprometidos; pues no, ni una vaga advertencia mientras se acercaba el momento, ni siquiera durante el mes en que el supuesto mesías aparentemente nació, ni en ese momento hubo una advertencia siquiera vedada, sugerida, enmascarada en una parábola... ¡Nada de nada! Por supuesto, siempre está el comodín de las advertencias antiguas como el final del mundo y demás maldiciones prometidas para el final de los tiempos y que son de suficiente amplio espectro como un buen antimicótico, y que entra dentro de ellas no solo esta pandemia sino las demás que vengan antes de que el mundo literalmente se acabe, algo así como en unos cuantos millones de años y que será no por ninguna tribulación satánica, el Armagedón o una batalla celestial entre el “bien” y el “mal” sino porque literalmente va a ser el tiempo en que el sol, nuestro astro rey y verdadero dador de vida, tiene previsto durar y una vez apagado no va a ver ni “Dios”, ni dioses, ni nada que nos salve. Por cierto, me llama poderosamente la atención el hecho de que ha habido una pausa atípica y ciertamente inexplicable en la ejecución de milagros de sanación, curiosamente en estos momentos que tanto se necesitan. Me pregunto dónde se encuentran los pastores y sanadores de las iglesias que con tanto ahínco ejecutan sus milagros sanadores en sus servicios regulares cuando ahora mismo, están muriendo literalmente decenas, cientos y hasta miles de personas al día. ¿No sería este un momento justo y preciso para... sanar? Entonces, ¿son charlatanes o son invenciones de mi mente impía y falta de fe?
3. POLÍTICOS POLITIQUEROS:
Es muy importante destacar el hecho de que los políticos y los gobiernos a los que representan ya habían sido advertidos desde hacía años atrás de la posibilidad seria de una pandemia, sobre todo después del SARS y el MERS. Innumerables conferencias científicas han estado advirtiendo el hecho de que el planeta no estaba preparado para tal evento mundial. Los políticos, en medio de su absurda necesidad de mostrarse como salvadores de lo que sea, han insistido desde siempre en mostrarse rimbombantes en vez de ocuparse sin reparar en lo sonoro de sus ocupaciones, mostrando constantemente lo que ellos y sus asesores han considerado la mejor manera de hacerse ver como indispensables, cuya manera es la ruidosa realidad militar o la otra ruidosa realidad del problema de inmigración entre países o el narcotráfico, que, no me malentiendan, aunque son realidades problemáticas y de una manera u otra hay que enfrentar y regular, no necesariamente son las más urgidas de recursos y de necesidades, por ejemplo, ya que muchos países incluyendo algunos de los más afectados por la pandemia, como España, han sufrido recortes presupuestarios destinados a la salud e investigación durante largos años. Lo mismo ha sucedido con Estados Unidos de América, y entre las últimas acciones relevantes al caso en cuestión se destaca la de Donald Trump que entre las primeras cosas que hizo, una vez en la Casa Blanca, fue desmantelar una oficina dedicada a enfrentar cualquier tipo de pandemia mundial (algún parecido con la realidad no es coincidencia) pero como había sido establecida por el presidente anterior y adversario político, fue desmantelada poco tiempo antes de que el COVID-19 hiciera su entrada triunfal.
He notado con alarma como se ha politizado este lamentable evento mundial. Los gobiernos de Izquierda se lo acuñan a los de Derecha y viceversa; de una manera u otra, todos con el fin de adjudicarse o una salida, o la solución, o imputar la culpa o la responsabilidad al adversario, como suele suceder en el ámbito político y nunca asumir las propias responsabilidades, de haber en todo caso. Es un espectáculo ciertamente patético el ver como algunos gobiernos se adjudican triunfos pírricos por la cantidad de infectados o muertos, sin tomar en cuenta lo caprichoso de este virus en ese particular y que no necesariamente dichos resultados obedecen, al menos en su totalidad, a supuestas medidas de control impuestos por ellos; y en el otro lado del espectro las acusaciones y señalamientos basados en las mismas cantidades, pero de manera negativa, un espectáculo aniñado y digno de reprensión. Es realmente perturbador ver como se pelean los resultados, los datos numéricos, sin tomar en cuenta que dichos números son y fueron en realidad seres vivos, familiares de alguien, humanos, personas.
La eterna necesidad de mostrar los músculos con unas fuerzas armadas robustas, para una defensa de un conflicto bélico que en la enorme mayoría de los casos nunca llega, pero de muy sonoro tenor, con sus desfiles con tanques y armamentos diversos y todo lo referente a la guerra. De igual forma la inmigración, y si es “ilegal” aún mejor. Mientras tanto, lo verdaderamente importante, la salud, la investigación científica, el cuidado holístico de su población que sigue siendo el recurso más importante de un país, eso es un proceso silencioso, sin mucho ruido y menos nueces, por ende, no habría que prestarle mucha atención, ¿cierto? Bueno, por lo pronto, cuando llegue algún tipo de pandemia no creo que sea tan seria; en todo caso, ¿qué tan seria se pude tornar? Vamos a ver si después de esto que el planeta entero ha padecido, sin reparar en el sistema político o tendencia de pensamiento, de una vez por todas sucede que los políticos y la gente en posición de poder empieza a legislar y proponer soluciones dirigidas a lo verdaderamente importante como ha demostrado ser la salud colectiva, la ciencia, la tecnología, la investigación, el trato justo y ético a los animales, el medio ambiente y la naturaleza en general, la libertad en todas sus facetas, y ver a las personas que apasionadamente siguen a dichos personajes de la política presionarlos para ese mismo fin y dejar de ser ligeros en sus apoyos y permitirle a esos idiotas salirse con la suya siempre.
Veremos lo que sucederá de ahora en adelante con ellos y con los responsables de que sean elegidos.
4. SECTOR PRIVADO E “INFLUENCERS”:
Dinero, dinero y más dinero. Hablemos claro, el dinero es maravilloso, definitivamente una necesidad fundamental y necesaria, sin lugar a dudas. Sin embargo, anteponerlo a otras cosas de importancia similar, sacrificar verdaderos valores y nobles intereses por el nunca mejor llamado vil metal, allí es donde se complica el panorama. Bastaría destacar la excesiva valoración de los protagonistas del entretenimiento, entiéndase deportistas y artistas con respecto a otros protagonistas de nuestra sociedad. Insisto, no me malentiendan, en realidad el problema radica no en la obscenidad de millones que gana un deportista o un artista, el problema se manifiesta en el enjuto monto que gana un científico o un docente, por ejemplo. El meollo del asunto consiste en la desigualdad financiera entre elementos de la sociedad que contribuyen a distintos niveles. No quiero ser aventurado y generar controversia en torno a qué es más valioso para la sociedad, si el entretenimiento o el cuidado de salud o la enseñanza, en realidad es un proceso complejo el evaluar la importancia de dichos sectores; sin embargo, sí se puede de alguna manera calibrar las diferencias en ganancias metálicas, y tomo estas en particular porque desafortunadamente estas son las que nos hacen vivir plenamente en sociedad, aunque algunos hippies contemporáneos o pensadores teóricos lo pretendan negar. ¿Qué lectura arroja el hecho de que un beisbolista gane, por ejemplo, 35 millones de dólares al año y un maestro gane un promedio de 50 mil dólares en el mismo periodo de tiempo? Destaco la diferencia entre ellos y en todo caso, de hacer una re-evaluación, abogo porque no se baje el sueldo al deportista, con énfasis sugiero que se levante el del maestro o en el peor de los casos encontrarse en una mitad un poco más sesgada hacia el sueldo del deportista. Es una cuestión de prioridades, de escala de valores. Cómo se va a forjar una sociedad si el valor al cual apuntan los niños u adolescentes es el ser deportista (muchas veces y tristemente promovido por los mismos padres), no por el valor intrínseco del deporte y sus virtudes tanto físicas como mentales sino por la posibilidad de ganar millones. Cómo se va a desarrollar una sociedad si todo gira en torno al entretenimiento, ya que es lo más apuntado por la generación emergente en virtud de su recompensa en metálico o por su aparente caricia suprema al ego, detalle que cae como anillo al dedo a una generación cada vez más urgida de reconocimiento a como de lugar e inmediatista y no motivada por genuinos talentos sedientos de logros y a la espera de desarrollarse, sino por la frívola necesidad de atención. Cómo vamos a salir de la ignorancia y abrazar los retos que el futuro trae a nivel tecnológico, científico, investigativo, filosófico, si todo lo que promueve esta sociedad actual es la cultura anti-intelectual inundando todos los sectores, el embrutecimiento colectivo por medio de la distracción masiva que generan bien sea los deportes o el entretenimiento, que insisto, tienen su lugar en una sociedad sana, pero no al nivel de protagonismo que poseen en la actualidad ya que es absolutamente innecesario y ciertamente peligroso para el futuro casi inmediato. La proliferación de las redes sociales como una fuente y voz “autorizada” de cualquier cosa, como promotoras de la satisfacción inmediata, como impulsadora de los mal llamados “Influencers” que en realidad no influyen nada de valor en la sociedad, sino que lo único que hacen es promover marcas comerciales para sus fines económicos, simple y llano intercambio comercial. La última vez que revisé, “Influencers”, como la palabra lo indica, son personas que “influyen” a sus congéneres a convertirse en mejores personas, a crear, a cultivar lo inmaterial, las artes, las ciencias, etc., esas personas hasta donde recuerdo eran de la talla de Beethoven o Mozart en la música; Cervantes o Shakespeare en la literatura; Picasso o Dalí en la pintura; Le Corbusier o Gaudí en la arquitectura; o por nombrar a algunos más: Aristóteles, Lincoln, Darwin, Alejandro “El Grande”, Colón, Newton, Gandhi, Mandela, Madre Teresa, por ejemplo; no una caterva de adolescentes cronológicos o mentales que promueven un contenido de una idiotez sin parangón y que el único mérito que tienen es que los “siguen” en las redes sociales miles o millones de adolescentes como ellos. Vamos a ver qué responsabilidad van a asumir dichos “Influencers” con respecto a lo que sucedió con el Coronavirus y vamos a ver si la sociedad vuelve la mirada un poco a la ciencia y a la investigación una vez nos dimos cuenta de qué es en realidad lo importante en una sociedad, después del horror que hemos pasado con esta última pandemia.
5. TEORIAS DE CONSPIRACIÓN O CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA:
Yo mismo me considero un teórico de la conspiración por antonomasia. Me encantan, encuentro dichas explicaciones alternativas absolutamente verosímiles en muchos de los casos, me estimulan no solo la imaginación sino el pensamiento crítico y las siento como un verdadero ejercicio para el pensamiento lógico. Podríamos estar largas horas disertando acerca de ellas: desde el alunizaje hasta el chupa-cabras; desde el asesinato de Kennedy hasta los chem-trails; desde el flúor en el agua hasta los anunnakis; desde el 9-11 hasta las vacunas; desde el área 51 hasta el aeropuerto de Denver; desde Stonehenge hasta las líneas de Nazca. Hay muchas, diría que incontables, y es ciertamente entretenido discutir y recrearse en ellas, incluso las de evidente locura o de probabilidades casi nulas. No obstante, muchas de ellas son no solo posibles sino bastante probables. Por supuesto que en esta categoría de las conspiraciones no podía faltar la de una pandemia mundial, ¿qué podría ser más terreno fértil para una conspiración que algo como eso? Definitivamente era cuestión de esperar un poco hasta empezar a leer, incluso en portales de noticias serios, conspiraciones sobre el COVID-19. Pero creo que sería muy irresponsable de mi parte, en virtud del costo en vidas humanas que ha acarreado, saltar a la teoría de conspiración de turno sin antes realmente observar y analizar los datos que se nos presentan. Como les comento, para mí sería extremadamente fácil acuñarle una conspiración a toda esta locura que ocurrió, sigue ocurriendo y muy probablemente seguirá ocurriendo de alguna manera, sin embargo, a pesar de ello y de mi proclividad al dilema, también tengo que aceptar que las posibilidades reales de que algo como esto hubiese sucedido no estaban en el terreno de lo remoto o imposible. Era muy probable que algo así ocurriera, los recortes y falta de estímulo en materia de sanidad y ciencia a lo largo de todo el planeta han sido un problema cierto para aquellos que lo notamos; la explotación de los animales a lo largo y ancho del globo no es un secreto, la falta de protocolos de higiene e incluso de los más mínimos mecanismos de seguridad en el traslado, intercambio, transacciones legales e ilegales de animales vivos en centros de comidas o mercados, todo esto en ciertos países del mundo como China, por ejemplo, no eran ni han sido secreto y han operado por largo tiempo, junto a las advertencias científicas y médicas las cuales han sido dadas, de seguir con esas costumbres primitivas; la comunidad científica ha advertido de una pandemia con estas características desde hace mucho tiempo y ha destacado, tristemente, la incapacidad de la sociedad moderna de enfrentar con éxito algo así, como efectivamente sucedió. Es decir, la advertencia era muy clara y tenía nombre y apellido. Lamentablemente la conocimos en persona de la manera más brutal y contundente. De tal manera que pensar en un virus que desarrollaron en China para decimar el exceso de población o el malvado de Bill Gates desarrollando su plan para luego acabar con media humanidad gracias a la vacuna que él mismo y sus cómplices sacarían al mercado o que Estados Unidos lo desarrolló y luego lo plantó en China como una “Bandera Falsa” para no solo herirles la economía sino culparlos y así tener una guerra frontal con el gigante asiático o que se desarrolló para arrodillar a Trump en su año electoral y de esa manera perjudicar su re-elección... Hay decenas de ellas, ¿Posibles?... quizá, ¿probables?... muy poco. Por tanto, a pesar de mi naturaleza polemista, creo plegarme a la hasta ahora teoría de que el COVID-19 no es sino un virus que habitaba en animales (como muchos otros) y por descuido y negligencia humana, empezó a movilizarse entre humanos, originando la lamentable situación a la cual hemos sido objeto.
6. OVEJAS EN GENERAL:
Muchas veces la analogía de las ovejas sumisas al pastor, llevadas donde sean llevadas sin ningún tipo de objeción, total y absolutamente dirigidas sin mayor esfuerzo, se me hace completamente ajustada a la realidad en que vivimos. Nosotros como sociedad tendríamos que tener la responsabilidad de evaluar lo que nos sucede y de alguna manera ajustarnos para bien, optimizarnos para mejor, seguir siempre adelante; pero parece que eso no sucede y lejos de eso, pareciera que nuestro caso empeora sin remedio, al menos en algunos sectores ciertamente importantes. ¿Hasta cuándo vamos a darle protagonismo a idiotas? Es importante entender que nada de lo que hasta ahora hemos hecho y que no esté íntimamente relacionado con la ciencia, las artes y la libertad plena del individuo en todas sus áreas, ha influido para bien en nuestro bienestar diario y futuro. Mientras sigamos empecinados en involucrarnos en religiones de fe ciega a fantasías aniñadas, en darle la espalda a las investigaciones y a la ciencia en todas sus manifestaciones, ignorar de manera olímpica las revelaciones dadas por los debates de ideas, justos, interesantes y profundos, al desarrollo holístico de las artes en general y su promoción, el contundente y constante estímulo al pensamiento crítico en todo su esplendor, seguiremos en una carrera rauda hacia una involución que es absolutamente innegable y lamentablemente palpable en cada paso de nuestro vivir cotidiano, haciendo que las esperanzas a revertir el proceso sean cada vez más escasas y lejanas.
CONCLUSIÓN:
A pesar de todo, no debemos perder la esperanza, no se si de un mundo mejor, no se si de una sociedad más equilibrada, no se si de unos gobiernos más justos. Es muy cuesta arriba pretender cambios grandes, generales, contundentes, así no funciona la sociedad lamentablemente, pero sí podemos intentar al menos cada uno de nosotros cambios individuales, cambios en nosotros mismos que al fin y al cabo somos lo único en donde ejercemos algún tipo de control y por ende de alguna manera u otra, generar mejoras colectivas y por consiguiente contribuir literalmente con granos de arena en el mejoramiento general de una sociedad ciertamente fallida y que al menos podamos decir cuando algún día partamos quien sabe a donde, que hemos dejado un lugar mejor del que encontramos al venir.
Ricardo J Martínez
Miami, 2020
